Google impuso el pasado 1 de marzo su nueva política de privacidad a los millones de consumidores que, diariamente, utilizan sus productos. Ello lo ha hecho ignorando la fuerte oposición por parte de los grupos de consumidores y las exigencias de diversas autoridades de protección de datos en Europa y otros lugares para que retrase la implementación de las políticas. Esta nueva política permite a Google combinar prácticamente todos los datos de usuarios que recoge a través de sus más de 60 productos diferentes para explotarlos con el fin de vender publicidad personalizada. Al tiempo que mucha gente razonable puede estar en desacuerdo sobre los diferentes méritos de una política de privacidad con respecto a otra, la decisión de Google de continuar con estos cambios, a pesar de las objeciones de consumidores y reguladores, demuestra, una vez más, el deseo del gigante de Internet de actuar como si estuviera por encima de la ley y de adoptar una postura de ‘actuar ahora, arreglar después’.
En una carta enviada a principios de pasada semana a Google por parte de la Autoridad de Protección de datos francesa (la Comisión Nacional de la Informática y las Libertades o CNIL) en nombre de las Agencias de Protección de Datos europeas, destacaban que los cambios introducidos hoy es probable que estén en a punto de infringir la legislación europea de protección de datos y pidió a Google que aplazase su ejecución hasta después de completar su revisión. La Comisaria Europa de Justicia, Viviane Reding, dio la bienvenida a la petición de CNIL, destacando que “las empresas que ofrecen servicios a los consumidores en la UE debe seguir las normas europeas de protección de datos… Google debería demorar la introducción de su política de privacidad hasta que las preguntas sobre su cumplimiento de las normas comunitaria sean resueltas”.
Al rechazar estas solicitudes, Google argumenta que cualquier demora podría confundir a los usuarios. Sin embargo, la investigación llevada a cabo por la organización británica de privacidad Big Brother puso de manifiesto que casi la mitad de los usuarios de Google en el Reino Unido no eran conscientes de los cambios, y sólo el 12% ha leído la nueva política que, de acuerdo a la CNIL, es difícil de entender, “incluso para los profesionales entrenados de privacidad”. Teniendo en cuenta que pocos usuarios han leído, y mucho menos entendido, cómo la nueva política de privacidad les va a afectar, es difícil ver cómo el retraso en su aplicación, con el fin de proteger la privacidad del usuario, causaría perjuicio a los consumidores. Por otra parte, es sorprendente que Google justifique su comportamiento mediante una vaga referencia a los intereses de los consumidores, sin tener en cuenta las objeciones de las organizaciones de consumidores sobre los cambios, que causarán verdaderos daños al consumidor.
La Unión Europea está evidentemente interesada en garantizar que se les de opciones a los usuarios, cuando se trata de la forma en que su información es recopilada y utilizada por las empresas. Los cambios que Google ha introducido hoy reducen dichas opciones. Más preocupante es que los usuarios de teléfonos Android, que se oponen a la nueva política, no tengan otra opción que comprar un nuevo teléfono inteligente. En su intervención en el Mobile World Congress de Barcelona la pasada semana, Eric Schmidt, declaró: “Si Google lo hace bien, habrá un Android en todos los bolsillos.” Podía haber añadido que esto permitirá a Google realizar un seguimiento de todos en todas partes, y aprovechar esta información para dar a Google un beneficio exclusivo.
Google también afirma que esta nueva política de privacidad beneficia a los usuarios. No hay duda de que la personalización de los servicios y la información pueden tener beneficios; y muchos miembros de ICOMP apoyan la capacidad de proporcionar esa personalización. Sin embargo, la verdad es que al hacer estos cambios Google está tratando de crear perfiles completos de los usuarios -algo que la compañía ya había dicho que no iba a hacer- con el objetivo de aumentar los ingresos por publicidad y los beneficios. En realidad, Google es una empresa de publicidad, impulsada por la necesidad de seguir aumentando los ingresos en este ámbito, y su producto principal son sus usuarios.
Instamos a Google a que preste atención a las peticiones de los reguladores europeos y grupos de consumidores para retrasar la ejecución de su nueva política de privacidad. Ninguna empresa está por encima de la ley, y la negativa de Google a hacer lo correcto en este caso es una medida innecesariamente agresiva, que podría tener efectos negativos a largo plazo, no sólo para Google, sino también para el ecosistema de Internet.
Saludos,
Secretariado de ICOMP